lunes, 23 de diciembre de 2019


La fundamentación de la ética en psicología y su relación con los derechos humanos deja en claro que la ética en el profesional de la salud mental está regida por tres elementos específicos los cuales son como principal, los derechos humanos los cuales son inalienables, inherentes, no se pueden intercambiar, tampoco tienen jerarquía ninguno es mas importante que el otro, este aspecto se lo fue luchando mediante protestas sociales y masacres, genocidios como el acontecimiento de la segunda guerra mundial.
A partir del surgimiento de la bioética se establecieron cuatro principios que sirven de guía en los lugares habituales a los que llegan este tipo de problemas: los comités y las comisiones de bioética institucionales. Es aquí donde se discuten interdisciplinariamente los casos conflictivos. Los principios son:
- Principio de No Maleficencia.
- Principio de Justicia.
- Principio de Beneficencia.
- Principio de Justicia.
Aplicados al campo de la psicología en cada uno de ellos debemos atender
No Maleficencia: Relacionada con la extrema vulnerabilidad que caracteriza al enfermo mental. Por ejemplo, evitar internaciones por razones que clínicamente no están bien definidas. Superar definitivamente la nefasta relación cárcel, manicomio en la que el ingreso a una institución sanitaria no responde a un objetivo terapéutico sino a un castigo y exclusión social.
Justicia: Promover la eliminación del estigma social relacionado con la enfermedad mental. Impulsar el acceso equitativo a una atención integral y de calidad tan relegado por las políticas de salud
Beneficencia: El paciente con disfunción mental ha sido históricamente el más afectado por la tradición paternalista. Precisamente su enfermedad – en mayor o menor medida – interfiere en su capacidad cognitiva y volitiva, predisponiendo al profesional tratante a tomarlo como sujeto pasivo. Lo éticamente correcto es valorar su grado de competencia y acorde a éste, integrarlo al proceso terapéutico.
Autonomía: Prioritariamente cumplir con la obligación de confidencialidad. Más que ningún otro profesional, el psicólogo es depositario de información extremadamente sensible. El paciente tiene derecho a una información veraz, comprensible y adecuada sobre su proceso de salud y su evolución. En todo lo concerniente a la esfera de su intimidad, se deben reforzar las medidas que conciernen al secreto profesional, especialmente cuando se trabaja dentro de una Red o equipo terapéutico, al evaluar diagnósticos, intercambiar informes o comunicar resultados.

Las obligaciones morales derivadas de los cuatro principios no son exclusivas de cada uno de ellos. Todos tienen como objetivo considerar al paciente con trastorno mental con la dignidad propia de cualquier ser humano, desterrando para siempre los prejuicios discriminatorios instalados en la sociedad respecto a estas patologías. Se debe reforzar la alianza terapéutica evitando el quiebre o fragmentación entre lo clínico y lo social. Teniendo siempre presente que de la dimensión psicológica dependen fundamentalmente la calidad de vida y la libertad existencial de los seres humanos.
Los principios éticos en el desarrollo profesional del psicólogo, se refieren a que la práctica profesional de esta rama; es una actividad que coloca a los psicólogos en situaciones en las que se ven comprometidos a tomar decisiones sin tener toda la información necesaria, circunstancias por las que este se debe plantear si se actúa de manera correcta y cuáles podrían ser las consecuencias de su actuación sobre las personas.
Conclusiones
Para el psicólogo prestar sus servicios a los individuos, debe caracterizarse por un comportamiento responsable, digno, trascendente y honorable, ya que ayudar representa un acto de moralidad y de ética; por tanto, aquellas personas que se dedican a procurar la salud en los demás deben actuar con una ética impecable.
Así pues, el psicólogo al conocer los campos en los que aplicará sus conocimientos teóricos, debe estar consciente de sus recursos, limitaciones y principios éticos que conlleva dicha profesión, respetando las decisiones de los pacientes, como también velar por el cumplimiento de los principios bioéticos universales, así como la necesidad de una continua capacitación, de ahí la necesidad de plantearse una serie de cuestionamientos éticos y filosóficos, puesto que la actitud que asuma dicho profesionista dependerá de su eficiencia profesional y realización personal.

Bibliografía:
Ferrero, A. (2000). La ética en psicología y su relación con los derechos humanos. Universidad nacional de San Luis. NII (1/2000)
1. Engelhardt H. (1995). Fundamentos de la bioética. Paidos. 2ª Edición. Cap. IV. Buenos Aires.  Recuperado de:       http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0001-63652009000200029
2. Kottow, M. (1995). Introducción a la bioética. Editorial Universitaria, Santiago de Chile, p. 72.  Recuperado de :    http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0001-63652009000200029
3. Beauchamp T, Childress J. (1979-1994). Principles of  Bioedical Ethics. Oxford University Pres, Recuperado de: https://concepto.de/etica/#ixzz63iFzwKup