martes, 11 de febrero de 2020

examen



José Morales
Noveno Clinico
Su  concepto  principal  es  el  de  capital  humano. Según  esta  teoría,  las  migraciones  se  dan  a  partir de  decisiones  individuales  sobre  costo-beneficio  y tienden  a  maximizar  la  renta,  luego  de  establecer diferencias entre los salarios del origen con aquellos de  la  sociedad  elegida  como  destino  (Díaz,  2007;  Izcara, 2009; Micolta, 2005).
Conocida  como  modelo  de  la  expulsión-atracción (Altamirano,   1992;   Espinoza,   Herschkowicz   y Genna,   2011;   Guarnizo   2006;   Micolta,   2005), esta teoría propone que existen factores en el lugar de  origen  que  empujan  al  individuo  para  que abandone  su  país,  por  tanto,  son  desventajosos comparativamente;  y  factores  en  el  destino  que ejercen  una  fuerza  de  atracción,  pues  representan ventajas comparativas. Entre los primeros, se citan la  falta  de  acceso  a  la  tierra,  los  bajos  salarios,  el desempleo,  el  nivel  de  vida  inferior  y  la  ausencia de  libertades  políticas.  Respecto  a  las  condiciones favorables  a  la  migración  en  el  país  de  destino se  citan,  entre  otros,    altos  salarios,  nivel  de  vida más  elevado,  mayores  posibilidades  de  empleo  y mayores  libertades  políticas.  A  pesar  de  señalar factores  socioeconómicos  y  contextuales  lo  hace desde la perspectiva de las motivaciones personales, por lo que se le considera un enfoque individualista. (Micolta, 2005).
Bajo la influencia del marxismo, estas teorías colocan el énfasis en las estructuras socioeconómicas. Tienen en común que ven la migración como un fenómeno estructural  mundial  en  el  que  las  desigualdades económicas entre países ricos y pobres contribuyen a  que  estos  últimos  permanezcan  en  la  periferia (Micolta, 2005).
Dentro del importante cúmulo de análisis existente sobre el fenómeno migratorio quisiera destacar dos tendencias antagónicas a escala mundial. Ambas impactan sobre las sociedades tanto de emisión como de recepción, y producen efectos positivos y negativos. La primera es aquélla que se vincula con las situaciones de restricción migratoria, las cuales se pueden asumir como políticas strictus en su, derivadas de proyectos de diferentes estados o como parte de la propiadinámica de acción de un gobierno para evitar flujos migratorios no deseados hacia y desde sus fronteras. Este tipo de acciones se relaciona con los controles migratorios, la discriminación, la exclusión y la persecución, entre otros. Esta situación restrictiva tiende a proponer la selección de migrantes para permitir el acceso a un país, de acuerdo con las necesidades inmediatas que tiene para cubrir puestos de trabajo. Ejemplo: Noruega, España, Canadá, Estados Unidos, entre  otros.  Las  condiciones  resultan  favorables  para  el  centro  que  logra imponer  un  sistema  de  inmigración  selectiva.  Atrae  así  a  su  sociedad  a  los científicos, tecnólogos y especialistas que le hacen falta para cubrir sus propias necesidades. A este fenómeno migratorio se le ha llamado brain drain o ‘drenaje de cerebros’. El control del proceso migratorio lo tienen los países del Norte, quienes otorgan visas, pero ya no masivamente, sino solamente a los que ellos seleccionan (Oteiza, 1986).
El fenómeno conocido como estrés aculturativo producido por el cambio y abandono de los referentes culturales tradicionales por otras formas de vida, genera un gran número de trastornos psicosomáticos que son poco conocidos. Por lo que en la actualidad se necesita un proceso de formación sistemática de todos los especialistas sanitarios, con el fin de que comprendan e incorporen en su intervención sanitaria una visión transcultural en su quehacer diario.
Las enfermedades de salud mental ocupan un lugar relevante en esta nueva concesión transcultural. Los datos aportados tanto por la literatura científica como por las diversas experiencias de las instituciones demuestran que en el proceso de ajuste sociocultural, el inmigrante tiene que realizar un esfuerzo adaptativo que en muchos casos conlleva desajuste psicológicos y emocionales que requieren una asistencia especializada.
La Psicología que se ha venido a denominar transcultural se plantea entre sus objetivos dar cuenta y atender a los procesos y factores implicados en la relación entre salud mental y diversidad cultural.
El estudio de los procesos migratorios desde una perspectiva socio-psicológica me resulta imprescindible para comprender la complejidad y dimensión que tiene para cualquier persona abandonar su país, su cultura, su modo de vida, sus amigos, su familia y todo lo que fue significativo para ésta. Entender la compleja trama de emociones y sentimientos que se movilizan durante dicho proceso tiene una valor esencial para poder saber cuáles son aquellos mecanismos necesarios que requieren las personas inmigrantes para ajustarse a la nueva sociedad. Pero no sólo adaptarse, sino también volver a crear nuevos sentimientos de pertenencia, amigos, etc.; en definitiva, volver a sentirse feliz como lo era en su país de origen.
Sistematizar estos procesos como el denominado Síndrome de Ulises o las fases psicológicas de aculturación es una tarea que contribuirá a nuestra obligación como profesionales de facilitar una mayor integración y bienestar de todas aquellas personas que vengan de otros países y decidan convivir y trabajar en nuestra sociedad.
En este contexto de globalización en el que nos encontramos, en el que cada vez más los individuos padecemos la necesidad de construir espacios individuales que se reducen por la homogeneidad y la supremacía de los medios de comunicación, los cuales nos imponen modos de pensar y de vivir similares; hoy día es más necesario que nunca contar con una Psicología que esté orientada como ciencia a fomentar el desarrollo de ideas propias y un conocimiento cada vez mayor de las potencialidades y los limites que tenemos como seres sociales.
No obstante, la diversidad cultural puede entenderse bien como una dificultad insalvable o bien como un recurso en la intervención psicosocial de indiscutible valor. Desde su punto de vista, ¿qué debe integrar todavía la Psicología en su práctica para ofrecer una adecuada atención psicológica con la población inmigrante y para dar cuenta de la diversidad cultural?
La práctica profesional de la Psicología en el trabajo con la población inmigrante tiene que estar dirigida a atender las experiencias previas del proceso migratorio que trae cada inmigrante. Trata de resolver, en primera instancia, las frustraciones y síntomas que presenta la persona como consecuencia del estrés aculturativo.
El profesional tiene que comprender cuáles son las características de su personalidad y sus propios recursos y cómo éstos inciden o no en la superación del duelo cultural o del llamado Síndrome de Ulises. Las propuestas de intervención transculturales se deben orientar fundamentalmente a la restructuración, reconceptualización de experiencias que anteriormente tenían un significado y que en el nuevo contexto han de ser comprendidas y asimiladas de otra manera, de acuerdo a la nueva realidad.
Cuando se estudia la psique humana de manera sistemática, nos damos cuenta de que, como seres sociales, debemos desarrollar una de las habilidades más importantes para la convivencia: la tolerancia al diferente. Esta cualidad supone que aceptemos a los otros, ya sea a la pareja, a los amigos, a la familia y al resto de la sociedad como personas distintas e irrepetibles, que no siempre van a coincidir con lo que nosotros pensamos, sentimos y hacemos.
La población inmigrante residente en la Comunidad de Madrid es uno de los colectivos que, según nuestras investigaciones, tiene mayor capacidad de adaptación sociocultural, debido a la proximidad de valores, costumbres, idioma y religión con la sociedad española. Sin embargo, aún es insuficiente la comprensión por parte de los sanitarios y de los propios inmigrantes de la necesidad de recibir ayuda y asistencia psicológica para superar el duelo migratorio.
Las necesidades más importantes que desde el punto de vista socio-emocional no se pueden resolver únicamente con un trabajo o una residencia estable, son aquellas que están relacionadas con el bienestar y la salud mental. Es por ello que algunas de estas necesidades, aún no suficientemente cubiertas, requieren ser atendidas por el servicio de salud mental para la población inmigrante.
Bibliografía
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  Díaz,  G.  (2007).  Aproximaciones  metodológicas al  estudio  de  las  migraciones  internacionales. UNISCI   Discussion   Papers, 15,   157-172. Recuperado   de   http://revistas.ucm.es/index.php/UNIS/issue/view/1661/showToc
Espinal,  I.,  Gimeno  A.  Y  González,  F.  (2006). El enfoque  sistémico  en  los  estudios  sobre  la familia. Recuperado   de  http://www.uv.es/jugar2/Enfoque%20Sistemico.pdf.
Arango,  J.  (2003).  La  explicación  teórica  de  las migraciones:   luz   y   sombra. Migración   y Desarrollo, 1, 1-30. Recuperado de http://rimd.reduaz.mx/revista/rev1/JoaquinArango.pdf

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