José Morales
Noveno Clinico
Su concepto
principal es el
de capital humano. Según
esta teoría, las migraciones se
dan a partir de
decisiones individuales sobre
costo-beneficio y tienden a
maximizar la renta,
luego de establecer diferencias entre los salarios del
origen con aquellos de la sociedad
elegida como destino
(Díaz, 2007; Izcara, 2009; Micolta, 2005).
Conocida como
modelo de la
expulsión-atracción (Altamirano,
1992; Espinoza, Herschkowicz y Genna,
2011; Guarnizo 2006;
Micolta, 2005), esta teoría
propone que existen factores en el lugar de
origen que empujan
al individuo para
que abandone su país,
por tanto, son
desventajosos comparativamente;
y factores en
el destino que ejercen
una fuerza de atracción,
pues representan ventajas
comparativas. Entre los primeros, se citan la
falta de acceso
a la tierra,
los bajos salarios,
el desempleo, el nivel
de vida inferior
y la ausencia de
libertades políticas. Respecto
a las condiciones favorables a
la migración en
el país de
destino se citan, entre
otros, altos salarios,
nivel de vida más
elevado, mayores posibilidades
de empleo y mayores
libertades políticas. A
pesar de señalar factores socioeconómicos y
contextuales lo hace desde la perspectiva de las motivaciones
personales, por lo que se le considera un enfoque individualista. (Micolta,
2005).
Bajo la influencia del marxismo,
estas teorías colocan el énfasis en las estructuras socioeconómicas. Tienen en
común que ven la migración como un fenómeno estructural mundial
en el que
las desigualdades económicas
entre países ricos y pobres contribuyen a
que estos últimos
permanezcan en la
periferia (Micolta, 2005).
Dentro del importante cúmulo de
análisis existente sobre el fenómeno migratorio quisiera destacar dos
tendencias antagónicas a escala mundial. Ambas impactan sobre las sociedades
tanto de emisión como de recepción, y producen efectos positivos y negativos.
La primera es aquélla que se vincula con las situaciones de restricción
migratoria, las cuales se pueden asumir como políticas strictus en su,
derivadas de proyectos de diferentes estados o como parte de la propiadinámica
de acción de un gobierno para evitar flujos migratorios no deseados hacia y
desde sus fronteras. Este tipo de acciones se relaciona con los controles migratorios,
la discriminación, la exclusión y la persecución, entre otros. Esta situación
restrictiva tiende a proponer la selección de migrantes para permitir el acceso
a un país, de acuerdo con las necesidades inmediatas que tiene para cubrir
puestos de trabajo. Ejemplo: Noruega, España, Canadá, Estados Unidos, entre otros.
Las condiciones resultan
favorables para el
centro que logra imponer
un sistema de
inmigración selectiva. Atrae
así a su
sociedad a los científicos, tecnólogos y especialistas
que le hacen falta para cubrir sus propias necesidades. A este fenómeno
migratorio se le ha llamado brain drain o ‘drenaje de cerebros’. El control del
proceso migratorio lo tienen los países del Norte, quienes otorgan visas, pero
ya no masivamente, sino solamente a los que ellos seleccionan (Oteiza, 1986).
El fenómeno conocido como estrés
aculturativo producido por el cambio y abandono de los referentes culturales
tradicionales por otras formas de vida, genera un gran número de trastornos
psicosomáticos que son poco conocidos. Por lo que en la actualidad se necesita
un proceso de formación sistemática de todos los especialistas sanitarios, con
el fin de que comprendan e incorporen en su intervención sanitaria una visión
transcultural en su quehacer diario.
Las enfermedades de salud mental
ocupan un lugar relevante en esta nueva concesión transcultural. Los datos
aportados tanto por la literatura científica como por las diversas experiencias
de las instituciones demuestran que en el proceso de ajuste sociocultural, el
inmigrante tiene que realizar un esfuerzo adaptativo que en muchos casos conlleva
desajuste psicológicos y emocionales que requieren una asistencia
especializada.
La Psicología que se ha venido a
denominar transcultural se plantea entre sus objetivos dar cuenta y atender a
los procesos y factores implicados en la relación entre salud mental y
diversidad cultural.
El estudio de los procesos
migratorios desde una perspectiva socio-psicológica me resulta imprescindible
para comprender la complejidad y dimensión que tiene para cualquier persona
abandonar su país, su cultura, su modo de vida, sus amigos, su familia y todo
lo que fue significativo para ésta. Entender la compleja trama de emociones y
sentimientos que se movilizan durante dicho proceso tiene una valor esencial
para poder saber cuáles son aquellos mecanismos necesarios que requieren las
personas inmigrantes para ajustarse a la nueva sociedad. Pero no sólo adaptarse,
sino también volver a crear nuevos sentimientos de pertenencia, amigos, etc.;
en definitiva, volver a sentirse feliz como lo era en su país de origen.
Sistematizar estos procesos como
el denominado Síndrome de Ulises o las fases psicológicas de aculturación es
una tarea que contribuirá a nuestra obligación como profesionales de facilitar
una mayor integración y bienestar de todas aquellas personas que vengan de
otros países y decidan convivir y trabajar en nuestra sociedad.
En este contexto de globalización
en el que nos encontramos, en el que cada vez más los individuos padecemos la
necesidad de construir espacios individuales que se reducen por la homogeneidad
y la supremacía de los medios de comunicación, los cuales nos imponen modos de
pensar y de vivir similares; hoy día es más necesario que nunca contar con una
Psicología que esté orientada como ciencia a fomentar el desarrollo de ideas
propias y un conocimiento cada vez mayor de las potencialidades y los limites que
tenemos como seres sociales.
No obstante, la diversidad
cultural puede entenderse bien como una dificultad insalvable o bien como un
recurso en la intervención psicosocial de indiscutible valor. Desde su punto de
vista, ¿qué debe integrar todavía la Psicología en su práctica para ofrecer una
adecuada atención psicológica con la población inmigrante y para dar cuenta de
la diversidad cultural?
La práctica profesional de la
Psicología en el trabajo con la población inmigrante tiene que estar dirigida a
atender las experiencias previas del proceso migratorio que trae cada
inmigrante. Trata de resolver, en primera instancia, las frustraciones y síntomas
que presenta la persona como consecuencia del estrés aculturativo.
El profesional tiene que
comprender cuáles son las características de su personalidad y sus propios
recursos y cómo éstos inciden o no en la superación del duelo cultural o del
llamado Síndrome de Ulises. Las propuestas de intervención transculturales se
deben orientar fundamentalmente a la restructuración, reconceptualización de
experiencias que anteriormente tenían un significado y que en el nuevo contexto
han de ser comprendidas y asimiladas de otra manera, de acuerdo a la nueva
realidad.
Cuando se estudia la psique
humana de manera sistemática, nos damos cuenta de que, como seres sociales,
debemos desarrollar una de las habilidades más importantes para la convivencia:
la tolerancia al diferente. Esta cualidad supone que aceptemos a los otros, ya
sea a la pareja, a los amigos, a la familia y al resto de la sociedad como
personas distintas e irrepetibles, que no siempre van a coincidir con lo que
nosotros pensamos, sentimos y hacemos.
La población inmigrante residente
en la Comunidad de Madrid es uno de los colectivos que, según nuestras
investigaciones, tiene mayor capacidad de adaptación sociocultural, debido a la
proximidad de valores, costumbres, idioma y religión con la sociedad española.
Sin embargo, aún es insuficiente la comprensión por parte de los sanitarios y
de los propios inmigrantes de la necesidad de recibir ayuda y asistencia
psicológica para superar el duelo migratorio.
Las necesidades más importantes
que desde el punto de vista socio-emocional no se pueden resolver únicamente
con un trabajo o una residencia estable, son aquellas que están relacionadas
con el bienestar y la salud mental. Es por ello que algunas de estas
necesidades, aún no suficientemente cubiertas, requieren ser atendidas por el
servicio de salud mental para la población inmigrante.
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